Brasília, 04/12/2017 – Un grupo que trabaja en el área de prevención de riesgos en la Iglesia Adventista para Sudamérica, y sus familiares dedicaron sus vacaciones a una misión que comenzó en las alturas. Fueron más de 28 horas de vuelo desde Brasilia, Brasil, hasta el destino final, Ulán Bator, Mongolia. Una distancia de 15.765 km separa los dos países, además de una infinidad de diferencias culturales y costumbres. Sin embargo, algo más fuerte los unió: el amor.

El 9 de julio, los 33 voluntarios estaban con sus herramientas de trabajo. Guantes, máscaras, azadas y palas eran los instrumentos de ese desafío. El objetivo era construir una Iglesia Adventista en el barrio de Nisekh. El grupo estuvo ocupado de limpiar el área, organizar los ladrillos y preparar la base, colocando literalmente “las manos en la masa”. Según la salvadoreña Lidia Calderón, ser parte de la construcción de una iglesia en Asia fue emocionante. “Este sería un trabajo que Jesús haría aquí en la Tierra. Estoy muy emocionada, porque un ladrillo hace la diferencia y ayudará mucho a nuestros hermanos en Mongolia”.

Pensando en los futuros miembros de esa iglesia nueva, el grupo organizó actividades sociales para atraer a la comunidad, como: escuela de fútbol, juegos con los niños, taller de artesanías, masajes, fisioterapia, evaluación de salud, y hasta salón de belleza. Las mujeres salían de ahí con el cabello rizado.

Niños y niñas de todas las edades participaron de las actividades. Llenaron las canchas, corrieron de un lado a otro, saltaron y jugaron. Dios era alabado por las sonrisas de los niños. El desafío del idioma, que era la preocupación de algunos, desapareció a medida que, por medios de sonrisas, abrazos, gestos y mucho cariño, todo era posible de comunicar. Un simple “¡Hola!” “¡Buen día!”, dicho en mongol, pronunciado por un occidental, producía alegría a esas personas, construía un eslabón y los motivaban a estar en la última parte del proyecto: el culto de evangelismo.

En un edificio alquilado, los encuentros comenzaban con el himno nacional de Mongolia. Todos con la mano en el pecho cantaban a una voz. Sin embargo, la voz que prevalecía era la de los niños que eran mayoría. Uno de los puntos destacados de la programación fue la escenificación de historias bíblicas presentadas por los misioneros. Para Dioni Cruz, quien cuidó de los pequeños, fue gratificante el trabajo con personas de países lejanos, personas que tal vez nunca oyeron hablar de la Biblia. “La experiencia nos dejó marcas, fue hermoso y Dios nos ayudó. Espero que ahora tengan más deseos de aprender otras historias de la Biblia para conocer más de Jesús”.

Fueron nueve días de dedicación. La comida fue una novedad. Dormir en una ger (carpa tradicional de Mongolia) fue una experiencia increíble. Conocer la cultura nómade y su hospitalidad fue cautivante. Algunos aprendieron más de lo que enseñaron; otros hicieron amistades que serán eternas. La semilla fue plantada, y el pastor Yure Gramacho, que es misionero en Mongolia, dará continuidad a lo plantado. “Ustedes dedicaron no solo sus recursos, sino también su tiempo, sus talentos, y dejaron aquí también sudor, sangre y lágrimas. No tengo dudas de que el esfuerzo que hicieron, así como el sacrificio de Cristo en el pasado, no fue y no será en vano. Porque todo lo que se hizo aquí con seguridad producirá frutos para vida eterna”.

Mongolia es parte de la Ventana 10/40, la región con menor presencia cristiana del planeta. Esa iglesia que está siendo construida en Nisekh es el resultado de mucha oración, esfuerzo y amor. Será un lugar para conocer a Dios, además de un lugar que atenderá a la comunidad, con una clínica de fisioterapia y un curso de corte y confección. También será un refugio para niños y adultos que muchas veces viven sin esperanza.

“Fue una bendición, una alegría. Que las lecciones aprendidas y las marcas que quedaron en nosotros sean eternas” afirmó el director general de ARM Sudamericana, Jabson Magalhães. La próxima misión ya está en nuestros sueños y planes. “Continuaremos ese proyecto en algún otro lugar del mundo y así esperamos contribuir con la predicación del evangelio para que Jesús regrese pronto”, concluyó.

Thayanne Braga